Sobre mí

Mujer polivalente, multifacética y en evolución constante.
Vasca de nacimiento, ciudadana del mundo por elección.

mis raices

Mi camino no empezó desde la claridad, sino desde un quiebre. Hace unos años una ruptura sentimental me obligó a parar en seco. Y por primera vez dejé de mirar fuera para empezar a mirarme de verdad.

Ahí comenzó mi viaje.

Antes de eso, mi vida transcurría en el ámbito sanitario. Durante años trabajé en emergencias, acompañando en situaciones duras y complejas, donde la vida y la muerte estaban muy presentes. También en unidades de cuidados paliativos. Esta etapa me enseñó a mirar de frente y a comprender lo esencial.

Pero no fue solo lo que viví en esos años lo que me transformó. Fue cómo aprendí a estar y a acompañar. A sostener. A mirar de frente. A no apartarme de lo que duele ni de lo que es incómodo.

el salto cuántico

De toda esa etapa hay algo que permanece hasta hoy:
La templanza y la Presencia.

Presencia que sostiene, que escucha, que discierne lo esencial de lo superficial… y que entiende el valor de la vida porque ha estado acompañando en procesos de transformación profunda.

Ahí se afina mi intuición. Ahí se vuelve más clara mi forma de mirar. Y desde esa claridad, empiezo a ver lo que ya no encajaba en mi vida. Tenía estabilidad. Un trabajo bien remunerado, cómodo que me dejaba mucho tiempo disponible. Todo «bien» desde fuera.

Pero por dentro, ya no. 

Esa seguridad se había convertido en una jaula de oro. En el cementerio de mi alma. Así que lo dejé. Solté esa vida y di un salto, empezando mi vida de nuevo, en Fuerteventura, Islas Canarias. Sin certezas, pero con una verdad muy clara: no podía seguir traicionándome.

Ese fue el punto de no retorno.

Si vuelvo a aquellos años, lo que más me llenaba entonces era viajar (y ahora también). Aprendo inglés, francés y me dedico a recorrer países de mochila. Aún acompañada, sí… pero con algo dentro de mí que empezaba a cambiar. 

Y volviendo a esa ruptura amorosa. Esa frenada, ese duelo, ese desmoronamiento emocional marca una muerte necesaria para renacer. A una nueva versión, a un nuevo estado de compresión.

Y entonces aparece algo clave. Un libro cae en mis manos y abre una puerta. Mi iniciación. Empiezo a recordar más y más. Los libros se convierten en mis grandes Maestros… Uno me lleva al siguiente, en un orden que no entiendo, pero que siento. Y lo que leo, no se queda en la mente. Entra en mí como una revelación. 

Y esa revelación empieza a pedirme algo más. No solo entender, sino vivirlo.
Ahí comienza otra etapa.

Sol

viajes iniciáticos

A ello se suma el primer viaje en solitario por tierras griegas, como consecuencia de esa ruptura sentimental que os contaba. Me veo en la tesitura… O voy sola o me quedo en casa.

Y en ese dilema decido viajar conmigo. En lo práctico ya sabía moverme. Había organizado viajes antes, había sostenido la logística. Mas esta vez no iba de eso. Iba de mí. Y doy el salto. Con miedo sí, pero también con una certeza difícil de explicar.

Ese viaje lo cambia todo. Mi alma se destapa en esencia. Cuando regreso, ya nada vuelve a ser lo mismo, sobre todo yo. Desde entonces no he parado de explorar y viajar por tantos y tantos países, en solitario y con mi mochila.

En esa diversidad cultural, paisajística…

Empiezo a sentirme en casa en muchos lugares. Después de caminar más de 33 países, algo se vuelve evidente. Mi hogar no está fuera, está en mí. En ese silencio de caminar sola. En las decisiones que tomo. En cómo me sostengo cuando no hay certezas, y me convierte en mi propia certeza.

Viajar deja de ser solo descubrir lugares. Se convierte en una forma de escucharme. De verme. De confrontarme. Y también de expandirme. He caminado muchos países, sí. Pero lo verdaderamente importante no ha sido dónde he estado, sino en quien me he convertido en el camino. 

Y sigo viajando. No solo por el mundo, sino hacia dentro.
Porque para mí, viajar no es escapar, es volver. 

Escritura creativa

Y casi al mismo tiempo que empiezo a viajar, aparece otra vía de expresión: la escritura.

Siempre fui lectora, pero un día dejo de solo leer y empiezo a volcar. Lo que mi alma necesita decir encuentra forma en las palabras. Sin estrategia, sin técnica, sin filtro.
Solo dejando que la escritura sea canal.

Escribo desde lo más honesto que hay en mí, desde lo que duele, lo que mueve, lo que pide salir. Y en ese proceso descubro algo: expresar no solo libera, también ordena. La escritura se convierte en un espacio donde puedo verme, entenderme y dar sentido a lo que vivo. No sé de dónde viene lo que escribo, pero dejo de cuestionarlo.

Aprendo a escuchar, a confiar y a darle espacio. Y al compartirlo, algo se confirma: no estoy sola. Muchas otras mujeres están transitando procesos muy similares. Y en ese camino, la escritura deja de ser solo un desahogo y se convierte en puente.

Comparto durante años, y lo que nace de mí empieza a resonar en otras mujeres. Hoy, con una comunidad de más de 10.000 en Instagram y 22.000 en Facebook, sigo escribiendo como empecé: desde la verdad, sin filtros y con el corazón por delante.

Y en este recorrido por el verso de la vida, doy a luz también a mis libros…

Diario de mi Viaje por Irán, una aventura en solitario, que marca el inicio de los viajes con una misma… Alas de Libertad, poemas que atraviesan y acompañan el alma… y Sonrisas de Unicornio, la obra más íntima. Un regreso a la inocencia del Ser.

colibri

Mujer Colibrí

En este punto quizás te preguntes por qué Mujer Colibrí.

Este nombre llegó a mi vida sin buscarlo. Con el tiempo entendí que no era casualidad, sino una forma de nombrar lo que estaba viviendo: un proceso de transformación, de ligereza, de valentía y de regreso a lo esencial.

El colibrí es pequeño, pero tiene una fuerza inmensa. Se sostiene en el aire, cambia de dirección, avanza, retrocede y siempre encuentra el néctar. Así ha sido mi camino. Un camino de búsqueda, de caída, de aprendizaje y de volver a empezar. 

De aprender a sostenerme y a confiar en lo que siento. Con el tiempo entendí que no se trataba de seguir buscando fuera, sino de volver a mí. De recuperar dirección, claridad y coherencia. Y desde ahí nace lo que hoy ofrezco. 

Acompaño a mujeres que se sienten perdidas, en dispersión, en ruido mental o en una vida que ya no les representa, a recuperar su dirección, su enfoque y su orden interno. No desde la teoría, sino desde la experiencia. Desde lo vivido, lo atravesado y lo integrado.

Mi trabajo es acompañarte a que te escuches, a que tomes decisiones desde ti y a que puedas sostener la vida que realmente quieres construir. Porque cuando una mujer se ordena por dentro, deja de dudar, se enfoca y empieza a caminar con confianza.

Ese es el verdadero cambio.