Ya es el momentum de la reconciliación del Sagrado Femenino y Masculino, en cada Corazón…
La herida de la sacerdotisa y el guerrero… Ya se abrieron los portales, se activaron los cristales que muchos activadores de la Luz hicimos en diferentes vórtices energéticos del planeta tiempo atrás… y es ahora cuando ha dado comienzo a la construcción del puente entre el Sagrado femenino al masculino…
Como fue vaticinado, primero nos reconciliaríamos las mujeres, las Diosas que regresamos a habitarnos, que nos ajustamos la corona de reinas, en ese entendimiento y aceptación que todo fue preciso para llegar a este instante cumbre, en el que, por y a consciencia, cada quien se responsabiliza de sí mismo, soltando todo el pasado…
Unificando en matrimonio sagrado, en cada corazón… es la Kristificación…
No hay nada que perdonar, sino que entender, agradecer y dejar ir, en son de Paz…
Sin importar el género, es una cuestión de fusionar ambas energías creadoras de la Madre y Padre en nos…
Por centurias el Cáliz amado fue mancillado… por el desequilibrio entre el femenino y el masculino…
Las mujeres tuvimos que masculinizarnos para competir en un mundo de hombres y los hombres se desconectaron de su luz femenina… quedando a merced de la beligerancia sin compasión…
También hubo quien abusó de su luz femenina, como acto de venganza, desde la manipulación, engaño, mentira, seducción… y quien siendo hombre, no agarró el compromiso con su vida, a través de la Fuerza de Voluntad de la luz masculina…
Imaginaros qué inmenso dolor para el hombre, pues él mismo nacería de un útero ninguneado y herido… Su linaje materno… abuelas… hijas… hermanas… y su propia luz femenina ahogada, silenciada…
En estos momentos, la Mujer abre su círculo de Diosas a recibir al Hombre, en el camino de vuelta a su corazón… le tiende la mano y le dice que ya todo pasó…
No hay rencor en el corazón de las Damas que reclaman a sus Caballeros, como acompañantes, en este baile de la Creación…
El hombre empoderado es el Dios en mayúsculas… que ama como solo él sabe hacerlo… protegiendo, manteniendo, ofreciendo… tierno, sensible, intuitivo… en esa exquisitez de quien hace honor a su representación en este plano…
Junto a su compañera, la Diosa que acoge, que recibe y que no invade… Cuida, nutre, confía, ama en plenitud… Hermanas, permitan que sus hermanos inicien, dando unos pasos para atrás… en el silencio de quien permite Ser…
Hombres… dejen sus mentes… salgan de ese parapeto, en el que se encuentran por miedo a sentir… Respiren el dolor y déjenlo ir… Dejen la culpabilidad y con la rectitud que les caracterizan, despréndanse de las corazas que ahogan su alma…
Este mes de Febrero se da comienzo a ello… Estamos en el mes 2, que numerologicamente representa la cooperación, la escucha, la intimidad, las relaciones cortas, la pareja, la conciliación…
La armonía entre dos seres que se fusionan en el uno, que reconcilia los opuestos…
Hace años escribí esta poesía (publicada en mi libro «Sonrisas de Unicornio»), y es ahora cuando se está cumpliendo esa profecía… La reunificación… Os dejo con ella…
LUZ KRÍSTIKA
Nacimos portando luz masculina y
femenina, el yin y el yang, fuerzas
antagónicas y complementarias, merecen
unificarse y crear como una sola ya.
El espíritu formado de la unión del
Padre Celestial y de la Madre Tierra
es un estallido de celebración, oído
en todo el Universo, alegría y goce.
Integrar y equilibrar ambas luces fue
un baile macabro, jugando al gato y
al ratón, hasta comprender que
la virtud y maestría es el balance.
Conjugación exitosa de este vínculo,
que genera empuje de ascensión a otras
dimensiones, pues la una sin la otra
nos trae bloqueo, separación y desilusión.
La luz masculina con su fuerza, poder,
responsabilidad, solidez, acción, lógica,
análisis, resistencia, construcción…
entrega y calienta con sus rayos solares.
Mas también necesita descansar,
arrullado por la hermosa luz de la
Luna, que le acoge en sus brazos,
acunándole, mientras repone fuerzas.
La luz femenina, aportando la magia,
serenidad, creatividad, imaginación,
sensibilidad, sutileza, recibe en calma y
generosidad a quien merezca reposar.
Fluyendo como el agua del mar,
con flexibilidad, se adapta a lo
que venga, se deja llevar, mas
cuidado porque puede destruir.
Construir sin límite ni fin,
no permite espacio para elevar,
para la Nada, así que el Todo
precisa de la Nada para ajustar.
Vaciarse completamente para
volverse a llenar, danza alegre
y dedicada de entregar y recibir,
así es el fruto del Amor en unión.
A veces contundente y firme,
otras blandito y dulce, según se
tercie la ocasión, mas siempre en
comunión, fieles a su Creador.
Toman y dan lo que son,
en vínculo sagrado, alianza
eterna por el Amor de Dios,
el matrimonio ya se consumó.
Y aquí y ahora, corren tiempo
del resurgir de la luz femenina,
pues la masculina ya aprendió
que el desequilibrio es perdedor.
Solo, en agonía y desamparado,
carece de la mano suave y tierna,
que le acaricia el alma, cuando
le duele y le dice que todo pasó.
En centurias pasadas fue necesaria
su fortaleza y entereza, su voluntad
y convicción para sacarnos de la
caída oscura, densa y tenebrosa.
Ahora, maltrecho y herido, busca
consuelo y refugio, en el amor
maternal de su regazo, calmante
de sus heridas de guerra y contienda.
Sin integración con la luz femenina,
todo lo que toca se convierte en
belicoso, beligerante y vehemente,
sin armonía, ni belleza delicada.
Sin paz ni unicidad entre todos
los hermanos de caminar, por eso
la Diosa despierta del letargo,
soplan vientos de cambio.
El momento clama devolverle su voz
y su sitio, ahora al servicio de toda
la humanidad, portadora del fruto,
de su vientre nacerá el nuevo Ser.
Hij@s del amor incondicional,
de la compresión y entendimiento,
llegan ya torbellinos de elevación
en la espiral universal sin fin.
A través del amor y la verdad,
el hombre trabajará para volver
a sentir y la mujer para pensar
y con poder interno, actuar.
Ambas fuerzas, armonizadas
y en equilibrio, cruzarán los
portales dimensionales como
seres bellos, plenos y completos.
Su hij@, la nueva humanidad,
pura e inocente, poderosa y
valiente, unifica Luz y oscuridad,
pues al final todo es claridad.
Retornaremos a casa, a nuestro
origen, sabiendo hacia dónde ir,
pues nuestros corazones marcan
ya el camino hacia a la Divinidad.
ESTAMOS REGRESANDO A LA FUENTE…




